Roberto Silva

Poesía / Narración


 

 

LA FORMA DEL MUSGO

 

Dormitar.

Gris pálido el sonido

del viento.

Allí,

sobre un mullido sillón

de hierbas

la carne de un jilguero

brota y se encarama.

Sobre el horizonte

se divisa

antes que la noche caiga,

multitud de cuerpos

encriptados por el ruido de sus alas.

Se precipitan

con luz prestada

de estrellas que agonizan.

Se licua el tiempo,

y el sueño

irisa las copas de los árboles.

 

 

 

SECRETO

 

-Anda- Dijo él

y entregando un papel arrugado

huyó.

La niña escondió las palabras

y la nota

en los pliegues de su vestido.

Las flores alimentaban

la boca del viento

y ella corría,

sus piernas

eran piedra y acantilado.

Un mar verde enquistado

en sus ojos.

Un mensaje inmerso

en sus palmas.

En los gestos del resplandor

de una pequeña urbe

 

 

 

EXCEDIENDO EL LIMITE

 

El abismo se abre.

Cuencas orbitales de pájaros 

deteniendo

el frío verde del liquen.

Se reflejan estratos de nubes.

Hay un leve parpadeo en las plumas

y el viento colándose en los buches,

nacarados los flancos

se precipitan como blancas hojas

a la falda del océano

 

 

 

A TIRO DE PIEDRA

 

Orejas metálicas

mas obvias, menos distantes

inhiestas al rojo de la tarde

El frío en imágenes distantes.

Los edificios

graban en el cielo,

fulgores de rosas pétreas.

La noche cae a pedazos

sobre aleros fucsias.

Las ventanas

puntos brillantes

en medio de negros cuadrados.

Constelación a punto de ser tocada.

Una ciudad en volandas

rozada por el aliento de un vuelo transpolar.

 

 

CONSTELACIÓN EFÍMERA

 

Cae la noche herida en todo lo eterno

y un pequeño pie sondea la oscuridad,

harto de balancear el miedo de una vena cava,

y el martirio boreal de una resaca.

Hay cuchillos y hombres

de hoja fría

que hunden su filo en la mano de Dios,

haciendo llorar la tierra inmensa 

de lo sepultureros.

Una terrosa sensación

que espera la vocal

incestuosa de un niño.

El cadáver de mi espalda

fue devuelto ayer a desconocidos,

ellos dicen que conservaba cierto estupor

y una extraña ligereza de espíritu.

Es noche

y un regalo dejado en mi puerta

brilla en roja consonancia

con estrellas rojas.

Un presente

traído por títeres descalzos.

quedan todavía en la cama

mi cara, un par de manos

y las piernas que no supieron

escapar a tiempo.

 

 

SI NO ES UNO, DOS PASOS EN FALSO

 

¡ Winona ! -dije-

Y el viento de la mañana ahogo el vapor de un café.

El leal perro aulló

y caminó hacia la puerta a despedirte.

No presentabas más que tu cuerpo al sol.

La mueca de tu dolor

proyectaba sombra en mi mano.

Calladas las bocas,

Comprendieron al silencio

que abrazaba la distancia de las dudas.

No hubo giros desordenados de cabezas

no se instaló ningún estado de gracia.

El reloj no recorrió el sentido

dispuesto por las agujas.

Solo quietud..

Quizás el innegable espíritu de conservación

 

 

LA URGENCIA DE UNA CAÍDA

 

El envío de esa carta

un rasgo fugaz de remordimiento.

Las palabras pegadas

a la sangre de un pájaro.

La letra que asoma

y su símbolo inmutable

inscritos en un cuerpo exhausto

otrora prodigador de caricias y espasmos.

La carta es navío eterno

estrella fugaz en la noche remota.

Un hombre escribiéndola

bajo una luz violácea.

Unos ojos escudriñando el porvenir.

El desafío inconcluso de los arabescos

caligráficos.

Cuanta equivocación en lo que se elige.

La despedida cursiva.

El cataclismo exuberante

de una declaración amorosa

Dando un beso a la mortaja de lo escrito

el cuerpo ya no es

escapa de tí

y se proyecta en las palabras

en lo eterno de una letra.

 

 

 

FIDELIDAD

 

Manos brasas

tocando el espacio

dejado por un pie sonoro.

Una huella mojada con sal

salpicando el linóleo de la cocina

Un inerte cuerpo

después de haberse disecado.

Dice ella – siempre te quise-

Habla

y las palabras van a parar

junto a colillas de Marlboro.

Ni siquiera se levanta

sus piernas son demasiado largas

Sigue ahí acostada

viendo como se desgajan las horas.

Desmantelada como crucero de guerra

toda acero

potente

todas las exclusas abiertas

abiertas al viento del mediodía.

Aire plagado con virutas de almejas

y caracoles.

Narcótico

como la pleamar de un torso.

Acostada, sin vestirse

obedeciendo a los ojos marrones

de su perro.

El la conoce

sabe de su soledad.

Sumiso descarga su lengua

en la medialuna de su pie

y vuelve a echarse

en el rellano de un porche

salpicado de estrellas

 

 

LINEA DE FUGA

 

El perfil de un niño observó el de un hombre.

Todo vuelve a decirse:

Los pies de página,

la suficiencia de la letra

hace inútil todo intento

Desprendería tu piel de las paredes

para enarbolar óleos dibujados

en tinta indeleble.

¡Oh renacida blasfemia ¡

Después de recoger las simientes del mar

vuelves a casa en un solo pie descalzo.

Recrudece la marejada

resuellos de nenes

a punto de ahogarse

declaman a coro

¡ Hundid los navíos ¡

Asoman las manos en la madera putrefacta,

ellas prevalecen

ante el índigo titilar de una boya.

Tristeza de galeón hundido

 

 

 

THAT´S ENTERTAINMENT

 

Carne despellejada y sangrienta

Envuelta en papel de diario

Repuesta de goce

Bañada en las aguas de un río

Visitada por hombres y mujeres

Vestida cada mañana

Sonriente después de amar

Amarilla, negra o blanca bajo el sol

Diminuta ante el miedo

Eternamente errante y sola

 

 

RASANTE

 

Y únicamente pasan volando las águilas

y las noches con hábitos negros en fila de monjes.

Traslucen la feroz cacería llevada a cabo

por los certeros ojos de un lobo.

(tornasolados fulgores del ocaso).

Ocurrió en aquel otoño

estábamos todos ardiendo

secos de ansias

designados por la bruma polar,

que furibunda, a modo de hoz precisa,

tocaba nuestros pechos

haciéndolos sangrar en rapsodias melancólicas.

Pero el terror con mano roja,

bajo el cráneo

deglutía pacífico

la única presencia

Una mujer que de tranquilos dones

observaba en la fuente

sus manos turbias y despellejadas

Nadie la delata,

solo un puñado de estrellas

reflejando el tiempo.

Y la luz nocturna

avanzando blanca

sobre paredes y pisos

de casas no habitadas.

 

 

 

ASISTIDO POR LA CARNE

 

Desesperado

en la nota al pie de página

Devuelvo los disparos

ejecutados a una distancia prudencial.

No siempre dirigidos,

no mutables en desesperado

intento de acabar con

un blanco.

Carne desgarrada

por la hemorragia

demorada en una cama

a la luz de la tarde.

Un trazo de piedad

dibujado en el rostro

o cara

y

ceca.

Espera siempre acostada,

sin el resentimiento

del perro apaleado.

Fresca como la brisa

de un mar destetado por la noche.

Vuelta al paredón

donde se inscriben

códigos no leídos

no usados por nadie.

 

 

 

MONTAJE

 

Arco voltaico de vello

envoltorio perfecto de la piel

para ser guardada

en alacenas

Todas las mujeres

intuyen la conmiseración

de las palabras dadas

como ofrendas.

 

 

 

DE UNA MIRADA LA COSTA

 

Vivían ahí abajo

vivían en el frío invierno

de las Metrópolis

encorsetados como balas de un 38.

Con la ropa húmeda y enojados

Basura por todas partes.

Cráneos rojos al viento.

El verano llegaba

e instalaba cruceros en la bahía.

El ruido de la costa,

los pichones gimiendo a pico abierto.

 

 

 

Y TODOS ELLOS. TODOS ELLOS

 

Moviéndose entre el polvo

apretándose contra el aire

para resistir el deseo

a morir.

Sus latidos apenas audibles 

Inadvertidos.

Rodaban en sus manos

y se escondían

en bolsas de marineros embarcados.

Que despiadado y bello

era verlos en la rada.

Sus caras engarzadas en grandes ojos

desorbitados.

Solo atinaban a mecerse

como espigas maduras.

Entonces.

¿ Por qué no distanciarse un poco?

y dejarlos que su aliento

forme nubes

con bello destino de naufragio

 

 

 

UN DÍA

 

Un amarillo cielo restalló

sobre las mendigas cabezas de los cuervos

que inocentes

veían explotar

bellos poemas en sus ojos.

Situaban la distancia de los ecos

y echaban a volar,

henchidos de orgullo carmesí

Ocultaban sus plumas en las nubes.

Sangraban de tanto amar 

Solitarios

volvían a la noche

Sus picos delante, fríos de luna

 

 

 

TOMAR UN SOL

 

Su inocencia se remontaba

al roce de sus manos

con juguetes

Era turbia,

cruel

y precaria.

Se hacía difícil tratar de convencerla,

mucho menos frente al mar.

Sentada

con su cuerpo dispuesto.

Desnudo al sol.

Imposible que moviera sus ojos,

perdidos en los bordes del mar.

Cangrejos enquistados

al pie de la silla de playa

esperaban que el viento

los cubriera de arena.

- Mi amor - decía

y tocaba su barriga plagada

de rutas

áureas de sudor.

Ostras y un mar desordenado

golpeando arena constelada.

Deseaba sonrojarse con el reflejo

de luciérnagas.

Sorprendida por el sonido de voces,

endurecía sus labios

para que ninguna palabra traicionara su verdad

La de estar quieta

la de poder asir

un pedazo

de

vacío.

 

 

 

IN ETERNUM

 

Si no fuera por la vereda de adoquines

que bordea el laberinto

muchos hubieran muerto

pronunciando los nombres de sus padres.

Caen piedras de sus ojos

y el recorrido los obliga

a derrumbarse en sus palmas.

Un suspiro. 

                        El asfalto.

Repentinos huesos de acero

proyectados como luz misma.

El brillo lechoso de la calle

los confunde. 

Sueño trocado por sueño.

Una mugrienta caja,

un hematoma en sus cejas derechas,

un Big Mac

sostenido como emblema, como carne-cumbia

El dulce sonido del silencio

y el pequeño chasquido al cambiar

luz amarilla a roja el semáforo

apacigua el último paso antes que 

amanezca

 

 

 

 

EMBARCADERO

 

Siempre habían observado encallar los barcos

(un sesgo de virtud tal vez)

La marejada rosácea del mar a la tarde

Recorría la cara de él

y se instalaba en los hombros de ella.

-Solo el reflejo- me explicaba un pescador.

Yo, desde un punto del muelle

estiraba los brazos (signos de un amor)

y me tapaba la boca.

La putrefacta madera crujía

bajo los pies de inocentes niños.

Todas esas manos blancas

enarbolando el destino del mundo

a las seis de la tarde.

Una ráfaga de viento

vencía el volando de un vestido.

Y una voluptuosa quietud

enmarcaba los primeros destellos

de un faro

que apuntaba su luz

a la cara de unas palomas

iniciando su centésimo vuelo.

 

 

 

 

UN GESTO INOCENTE

 

El crisol del barro

en los pies tacuaras de hombres viejos .

Huesos, sangre, lágrimas

y el olor a lavanda de mortajas

abriéndose paso

entre perros huidizos.

Ojos grandes

metidos con la fuerza de tIfones

en caras huecas,

impávidas por el despunte

de soles que iluminan

atanores y mosaicos.

La gracia del día

dibuja una hipérbole,

y cayendo de pleno

sobre techos,

muere antes que las gotas de sudor

se evaporen en el aire.

 

 

 

EL MAR ES MÀS LEJOS

 

No solo es tardar,

es también saber detenerse

refrescándose en un río.

Precipitarse de lleno

a tierra seca

y pararse de vuelta.

Volver a caer,

y allí,

asordinado por la tierra,

dormir

para no escuchar

los ecos

de los que aún duermen.

 

 

 

                                                            

 

MULTITUD

 

Un olor acre en invierno,

y todavía no partimos.

El mirar dejó de ser misterio,

y ladrillos calientes

resplandecen en las manos

de los muertos.

Uno a uno esos cuervos

despliegan sus alas,

y murmuran en lenguas

que hablábamos cuando

nos atravesaban con dardos

las manos.

Es miseria y dolor,

solo agudo

y entendido como

BIEN.

Como una forma

de hacer las cosas,

las mismas que

nos lastimaron los ojos

y que aún hoy ruedan

calle abajo.

                                                            

                                           

  

 

 

VER PARA CREER

 

Es ella la que ve crecer

la hierba,

indómita bajo sus pies.

Corre, corre, corre

y no se detiene,

solo a veces a beber agua,

solo a veces a mirar

más allá,

donde el prado oscurece

donde el límite del cielo

húmeda huella deja.

Un rastro de vuelos

y el cansancio

de esos pájaros

aún resplandeciente

en sus ojos.

La órbita de planetas

hundiéndose en sus manos.